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Delirio nihilista: Doctor, ¡estoy muerto!

Delirio nihilista: Doctor, ¡estoy muerto!

¿Te imaginas cómo sería despertar una día y tener la certeza de que estás muerto? Estarías convencido de que ya no necesitas hablar, comer o beber porque tu cuerpo ya no tiene vida, tu cerebro está vacío y ya no existes. Sin embargo, inexplicablemente sigues en el mundo. Esto fue lo que experimentó Graham, un británico de 48 años cuando despertó una mañana cualquiera de 2004.

Graham sufría una profunda depresión que le llevó a tomar la decisión de suicidarse. Decidió hacerlo electrocutándose en la bañera, y aunque no murió, algo cambió a partir de aquel momento: desarrolló el síndrome de Cotard o delirio nihilista. Tenía la certeza de estar muerto, estaba totalmente convencido de que su cerebro había dejado de funcionar: “les decía a los doctores que las pastillas no iban a servirme de nada porque no tenía cerebro, me lo freí en la bañera”.

El delirio nihilista es una anomalía en la forma de experimentar la propia realidad y la del entorno, del mismo modo que sucede cuando se experimenta despersonalización. Sin embargo, la despersonalización consiste en una perdida de la experiencia de la realidad. Se experimenta una sensación subjetiva de extrañeza, cambio o irrealidad respecto a uno mismo. Pero en todo momento se es consciente de que sólo es una sensación, y que aunque muy incómoda y angustiosa, no es real. Por ejemplo, puede darse en una situación de estrés intenso o duelo, cuando aquello que nos sucede no nos lo llegamos a creer del todo y tenemos la sensación de “verlo desde fuera”. También puede darse en el trastorno de ansiedad generalizada, depresión, esquizofrenia o por intoxicación de sustancias.

En cambio, no sucede lo mismo con el delirio nihilista porque no se es consciente de la naturaleza subjetiva de la sensación, es decir, existe el convencimiento de que lo que se está experimentando es real. Esta sensación varía según el caso, se puede sentir que se está muerto, como en el caso de Graham, pero también que el corazón ha dejado de latir o incluso que los órganos se están pudriendo por dentro, llegando incluso a oler la propia putrefacción, esta percepción formaría parte del delirio.

También es posible que las personas aquejadas de este trastorno crean que son incapaces de morir del todo, como creen que están muertas pero aun así siguen en el mundo, llegan a desarrollar la idea de que nunca morirán de forma definitiva. Cuando Graham llegó a este punto decidió trasladarse al cementerio ya que era lo más cercano que podía estar de la muerte, creía que debía estar allí.

cementerio

Este tipo de delirio es poco común pero tremendamente desagradable, las personas que lo experimentan pueden llegar a dejarse morir de inanición, si no es necesario alimentarse ni interactuar con nadie ¿por qué hacerlo?

En un primer momento, cuando Graham se sometió a diversas pruebas, los resultados mostraban que su cerebro tenía la misma actividad que el de una persona anestesiada o en estado vegetativo, incluso cuando estaba hablando con alguien. Y curiosamente, la capacidad para hablar o interactuar de cualquier forma con otros no es algo común en quien padece este desorden mental. Sin embargo, sí que es posible porque la información se percibe del exterior de forma correcta, el problema viene a la hora de interpretarla. La respuesta emocional que se da no es la que correspondería y por eso se cree que la base de este delirio podría estar en el sistema límbico.

Por otro lado, la negación de la existencia de partes del cuerpo es un signo de disfunción del lóbulo parietal, que se produce también en las lesiones del lóbulo frontal dorsolateral, el giro cingulado, el tálamo y la neocorteza (caudado y putamen). Respecto a la negación de órganos o la creencia de que no funcionan, se dan anomalías frontales y frontoparietales que indican la posible implicación de estas regiones en el comienzo de la idea delirante nihilista.

Este cómputo de regiones cerebrales nos ayuda a hacernos una idea de la complejidad de la percepción y aceptación de la realidad.

Por un lado, está aquella información externa que percibimos mediante los sentidos, que como hemos visto, en este delirio no se ve afectada. Y por otro, tenemos aquello que nosotros interpretamos de forma automática, es en este momento cuando se produce la desconexión de aquello que se percibe con aquello que se interpreta. Además, la inercia para mantener la creencia es un factor influyente en el mantenimiento de este delirio. Los individuos que deliran no modifican sus creencias delirantes por otras más ajustadas porque para ellos las primeras explican mejor lo que están experimentando.

El caso de Graham es especialmente peculiar porque es el único que ha conseguido recuperarse, al menos parcialmente. Trabajando con intensos estímulos, terapia y ocho años de fármacos, Graham volvió a creer en su existencia. Conseguir mejorar de esa manera es todo un logro, y aunque no haya vuelto del todo a su estado inicial y tenga una sensación rara con respecto a lo que vivió, está agradecido de su recuperación.