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Mi cuerpo, mi enemigo. Un caso de anorexia nerviosa

Mi cuerpo, mi enemigo. Un caso de anorexia nerviosa

Anorexia

Laura tiene catorce años. Su infancia había girado siempre en torno al ballet, era feliz bailando pese a que la danza requería un gran esfuerzo físico y constancia. A los doce años, sufrió una grave lesión en la rodilla izquierda que le impidió continuar con aquella práctica. Este hecho ocasionó más de un cambio en la vida de Laura. Se deprimió muchísimo y empezó a llenar los espacios de ocio que habían quedado vacíos y su gran tristeza, con un exceso de comida. Después de un año, el cambio físico de Laura era notable, sin embargo, seguía sin tener sobrepeso debido a que siempre había estado bastante delgada. Quizá tenía solo dos o tres kilos de más. Algo que, para cualquier persona no supondría mayor problema. Y más teniendo en cuenta que se encontraba en pleno desarrollo.

Pero, ese cambio para Laura supuso toda una catástrofe. En un mundo donde la imagen lo es todo, o casi todo, no podía permitirse el lujo de tener unos kilos de más. Pronto empezó a esconder la comida en la servilleta para hacer creer que comía, a tirar el bocadillo del almuerzo que su madre le preparaba para ir a clase, a fingir dolores de tripa para irse a la cama sin cenar, y un sin fin de excusas que fue inventándose para ir saliendo del paso con la boca cerrada y el estomago vacío.

trastorno alimenticio

Un año más tarde, Laura fue diagnosticada de anorexia nerviosa, un trastorno alimentario que suele ir ligado también con la depresión y la ansiedad. Afecta mayoritariamente a chicas adolescentes, pero también puede verse en chicos y en personas adultas. Laura todavía no reconoce que tiene un trastorno, es incapaz de admitir que tiene problema alguno. Aunque sí asiente cuando le preguntan si se siente débil o si sufre dolores musculares, perdida de concentración o de memoria.

La anorexia nerviosa lleva a que las personas pierdan más peso de lo que se considera saludable respecto a su edad y estatura. Quien padece este trastorno suele sentir un miedo terrible a aumentar de peso, por ello se pesan constantemente y dejan que la cantidad de alimento que ingieren dependa única y exclusivamente del número que marca la báscula. También suelen utilizar métodos para bajar de peso rápidamente, como administrarse laxantes o tomar productos diuréticos de forma desmesurada. Laura bebía toda la cantidad de agua que su estómago admitía justo antes de pesarse en presencia de su madre. Así, creía que la dejaría tranquila al ver que pesaba más de lo que parecía. También tomaba sal en exceso con la idea de retener líquidos y engañar así a la báscula. Pero inmediatamente después retomaba los diuréticos y la dieta.

La dieta de Laura podía oscilar entre una manzana al día repartida en cuatro comidas, un pepino diario también repartido en cuatro tomas, y otros alimentos y cantidades similares. Encontró apoyo para seguir adelante con su idea en una famosa web, Ana y Mía, que por desgracia, sigue existiendo actualmente y que nació hace más de quince años. Dicha web, promueve la anorexia y la bulimia como única opción para conseguir estar tan delgadas como “deberían”.

MI cuerpo mi enemigo

Lo cierto, es que en una sociedad tan exigente con el aspecto físico, a veces puede resultar muy difícil aceptarse. Sobretodo en etapas tan complicadas como la adolescencia. Y hay quién, como en el caso de Laura, termina desarrollando un trastorno de anorexia nerviosa o quizá bulimia. Estos dos trastornos funcionan de manera distinta y por tanto, dejan secuelas distintas. Pero la causa viene siendo la misma: la no aceptación del propio cuerpo y el deseo de llegar a ser algo mágico, etéreo e inalcanzable, envuelto de una belleza tan imposible como absurda. Princesas, eso es lo que Ana y Mía promueven y exigen entre las chicas que las siguen. Ana y Mía es un movimiento que lleva circulando por las redes desde hace años y que no parece que vaya a acabar por más peticiones que se firmen o víctimas que provoque. Hay chicas y algún que otro chico que llega a conocerlo quizá por casualidad pero que, por la razón que sea, ven en esos blogs una buena salida para su “problema” sin caer en la cuenta de que están a punto de enfrascarse en un problema aún mayor. Pronto tienen que elegir si desean ser Ana (anorexia) o Mía (bulimia). Y todo lo que viene después es un periodo de inestabilidad, agonía y mentiras, y un estado de ánimo controlado por la báscula.

Es en ese momento, cuando la ayuda psicológica de un profesional es vital para frenar la evolución de cualquiera de los dos trastornos. Nunca es tarde, pero cuanto antes se pida ayuda, más fácil será deshacer ese camino que se empeña en distorsionar la realidad. Laura mejorará algún día, pero el pronóstico dice que eso tan sólo será posible en el momento en que reconozca su problema, sólo así funcionará la terapia cognitivo-conductual que sigue desde hace un mes. Ha empezado a medicarse para tratar su problema de depresión, pero dicha medicación no tiene efecto alguno en su problema de anorexia. Sin embargo, su familia mantiene la esperanza ya que las mujeres que desarrollan este trastorno alimentario a temprana edad tienen más posibilidades de obtener una recuperación completa.

Anorexia

Caer en las profundidades de este trastorno nunca implica que no se pueda salir por más hondo que se haya caído. La ayuda profesional será vital para conseguirlo, pero aunque la lucha sea difícil y larga, el resultado es la vida. Así ha sido para el gran número de personas que han conseguido salir adelante. Nunca es tarde.