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La obsesión de Ana: un caso de TOC

La obsesión de Ana: un caso de TOC

Trastorno obsesivo compulsivo ana

Ana está tranquilamente en el salón. Sus dos hijas están en silencio viendo la tele. Una leve brisa entra por la ventana y mece las cortinas. De pronto, la idea de lanzarse al vacío se asienta en su cabeza. Sabe que es una idea absurda y que no lo va a hacer. Pero entonces, ¿por qué no puede deshacerse de ese pensamiento que inexplicablemente parece tan tentador? Da un paseo por la casa intentando encontrar una explicación, da vueltas y más vueltas en su mente pero no consigue encontrar una razón.

Vuelve al salón. Se dispone a sentarse en el sillón para relajarse y ver la televisión con sus hijas, pero ese sillón está demasiado cerca de la ventana. ¿Y si de pronto no es dueña de su cuerpo y alguna fuerza externa la impulsa a saltar? Imagina a sus hijas huérfanas y también su funeral. Esa terrible imagen le ha venido rápidamente y sin control. De pronto, se arma de valor, llega hasta la ventana y la cierra de golpe. Un segundo después la abre de nuevo y la vuelve a cerrar. Repite la operación un total de cinco veces y cuando se dispone a sentarse por fin en el sillón se gira a mirar de nuevo la ventana. Tiene que asegurarse que está cerrada.

Trastorno obsesivo compulsivo

El Trastorno Obsesivo Compulsivo afecta a un 2% de la población. Sus síntomas se pueden clasificar en obsesiones y en compulsiones.

Generalmente cuando pensamos en el TOC, nos suele venir a la cabeza la imagen de una persona que se lava repetidamente las manos, o que siente la irrefrenable necesidad de tenerlo todo organizado y perfecto. Pero lo cierto es que el TOC es un trastorno mucho más amplio y complejo de lo que en principio pueda parecer.

Para empezar, hay quién desarrolla ciertas obsesiones y ninguna o casi ninguna compulsión. También puede suceder al contrario, o, que ambas vayan de la mano. Lo más común, es que una obsesión desencadene en una compulsión, que se tenga el deseo de cesar esa compulsión o arrancarse ese pensamiento de la mente que parece estar adherido de manera permanente.

El caso de Ana funciona de manera bastante común. Primero sobreviene la obsesión y a continuación, la compulsión. Ella es el único sustento de sus hijas, desde que su marido murió vive con la idea de que si a ella le pasase algo sus hijas se quedarían solas, sin ninguna figura paterna que les inculcara buenos valores, o que les diera un consejo o un abrazo. Esta idea se ha ido estableciendo progresivamente en su mente, y la va consumiendo mediante el miedo constante que siente a que algo malo le suceda. Con el tiempo, empezó a notar que los pensamientos basados en su muerte iban siendo cada vez más frecuentes y pronto empezó a dejar de controlarlos. Desde entonces debe revisar que el gas está correctamente cerrado un número fijo de veces al día. Sus revisiones al médico han aumentado desmesuradamente pese a que no se encuentra físicamente mal. Y, cuando por fin parecía que lo tenía todo controlado empezó a temer que un impulso incontrolable la empujara al suicidio. Fue en aquel momento cuando decidió pedir ayuda.

En muchos casos es un acontecimiento concreto el que puede actuar como factor desencadenante del TOC, como algún tipo de enfermedad, problemas conyugales o la muerte de un ser querido. También se sabe que una educación demasiado rígida en la infancia puede participar en su aparición.

En los niños, comienza entre los 7 y los 10 años. Y se estima que un 33% de los adultos con TOC empezaron a tener síntomas ya en la infancia. Es muy común que el niño se avergüence de sus compulsiones porque no les encuentra sentido, pero le resulta imposible evitarlas por miedo a que esa evitación desencadene en algo mucho peor. Es frecuente, por ejemplo, pensar que debe golpear la pared mientras camina un número concreto de veces, y que si no lo hace, algo malo pasará.

Si no se detectan sus síntomas o simplemente se le resta importancia y no se trata, es probable que se agrave en la adolescencia y continúe en la edad adulta. Actualmente, es bastante la visibilidad que se le está dando a este trastorno de ansiedad, pero sigue siendo poca la importancia que se le da para tratar de frenarlo mediante un tratamiento adecuado, ya sea con Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (EPR), o mediante farmacoterapia si fuera necesaria.

Rabia adolescentes

Por otro lado, determinadas alteraciones en el lóbulo frontal, modificaciones en el procesamiento de la información y cambios en sustancias como la serotonina pueden estar implicadas y ser así causantes del trastorno obsesivo compulsivo. Pero, aunque es mucha la información que se tiene a día de hoy acerca de cómo surge, cómo evoluciona y acerca de las formas más adecuadas para tratarlo, toda esa información aún no es suficiente para determinar una causa concreta. Sin embargo, es la combinación de los factores biológicos o hereditarios junto con los factores sociales los que explican las alteraciones encontradas.

Por último, me gustaría aclarar que aunque el trastorno obsesivo compulsivo se puede desarrollar de diversas formas y puede tener consecuencias más o menos graves, siempre se puede frenar, controlar e incluso acabar con él. Pero para ello es necesaria ayuda profesional, y por supuesto, es necesario tener en cuenta que, cuanto antes se pida ayuda, menor será la libertad que tendrán los síntomas (obsesiones y compulsiones) para desarrollarse y establecerse de forma permanente.