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Porno: desconexión emocional, adicción y otras consecuencias

Porno: desconexión emocional, adicción y otras consecuencias

Una imagen explícita llega a tu retina, tu cerebro la procesa y se desencadena toda una serie de conexiones neuronales que te generan básicamente placer: El circuito cerebral de la dopamina que está compuesto (entre otras) por la vía mesolímbica proyecta sus neuronas desde el área tegmental ventral del mesencéfalo al núcleo accumbens. Y esto es lo mismo que sucede con las sustancias adictivas que de una forma u otra nos generan placer. Sin embargo, no todas las drogas son sustancias. La nueva droga que está creciendo con fuerza es el porno.

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El porno puede ser cuestionado y atacado por diferentes puntos (cosificación, perpetuación del sexismo, contribuir a la hipersexualización de la sociedad…) pero como para hacer las cosas bien hay que hacerlas con calma, en esta ocasión voy a manifestar mi postura centrándome sólo en los efectos dañinos que tiene tanto para el consumidor que se ha vuelto adicto como para el consumidor ocasional, y para hablar de efectos es necesario hablar de plasticidad, que es la responsable del cambio.

La plasticidad cerebral nos permite adaptarnos al medio formando nuevos esquemas cognitivos. Nuestro cerebro es plástico, y eso significa que puede modificarse, cosa que es increíblemente buena pero que también puede resultar perjudicial si nos exponemos a algo malo, y esto suele ocurrir si desconocemos los efectos adversos de aquello a lo que estamos expuestos.

Una sola imagen pornográfica nos condiciona alterando nuestros patrones de comportamiento, y como ésta genera placer seguramente se repetirá la operación hasta que, por pura habituación, acabará pareciéndonos normal y sobretodo, excitante, una serie de actos que visto fríamente clasificaríamos de denigrantes y humillantes. Pero eso no es todo, porque aquí es cuando llega la disonancia cognitiva, es decir, la tensión generada al tener dos pensamientos opuestos al mismo tiempo. En este caso, la disonancia consiste en sentir que lo que haces es contrario a lo que deseas. Y lo cierto es, que es muy común que una persona se sienta excitada al ver un tipo de porno que, al mismo tiempo, le está haciendo sentir culpable. Pero no me estoy refiriendo a nada exagerado ni fuera de lo común, sino a ése al que todo el mundo tiene acceso de forma gratuita y por tanto, es también el más consumido. De modo que al sentir excitación con un visionado que en realidad no sólo no gusta sino que además puede resultar desagradable, llega la culpabilidad y la frustración.

¿Cómo se convierte en una conducta adictiva?

La frecuencia, la sensación de recompensa y satisfacción y el entorno social son algunos de los factores que intervendrán a la hora de convertir una conducta en adicción.

La principal característica que hay que destacar en una conducta adictiva es la sensación de pérdida de control. Una persona adicta no sólo no tiene control sobre esa conducta, sino que además ésta le causa dependencia y síndrome de abstinencia. Cuando existe esta dependencia sobreviene un deseo irrefrenable de llevar a cabo la conducta, que en ocasiones puede venir en forma de compulsión. Se dejan de lado actividades sociales, trabajos o responsabilidades porque esa necesidad se debe satisfacer, y esto ocurre también en el caso de personas adictas al porno.

Si esa determinada conducta no se puede llevar a cabo se experimenta un malestar y un estado de ánimo alterado que remite con mucha dificultad si esa necesidad no se satisface. Además, aunque se tenga conciencia de los daños que ocasiona esa adicción, la conducta persiste. En el tema que nos ocupa, se producen graves consecuencias sobretodo en el ámbito personal. Una de las más importantes es el deterioro en las relaciones de pareja. Se produce en parte porque las dificulta al haber menos contacto social pero también porque las hace menos satisfactorias al modificar el concepto que se tiene del sexo. Una persona adicta llega al punto de preferir el visionado de material pornográfico al sexo real. En definitiva, la conducta adictiva implica pérdida de control, una fuerte dependencia psicológica, la pérdida de interés por otras actividades satisfactorias y por supuesto, la interferencia grave en  la vida diaria.

Por otro lado, me gustaría destacar que aunque la pornografía ha sido tradicionalmente objeto de consumo de hombres adultos, hoy en día es cada vez más frecuente en mujeres, en adolescentes y, aunque en menor medida pero sin duda lo más preocupante, en niños. Sin embargo, como los máximos consumidores siguen siendo hombres, las investigaciones que se han hecho acerca del consumo y adicción al porno han utilizado sólo casos de varones heterosexuales, limitando así el foco de atención casi exclusivamente a este sector de la población cuando en realidad es algo que nos puede afectar a todos.

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¿Qué motiva a una persona a consumir pornografía hasta el punto de volverse adicta?

La respuesta podría resumirse en tres puntos:

  1.   El constante bombardeo de sexo en anuncios, películas, y en un ambiente que promueve el hecho de que un hombre debe tener siempre necesidad de sexo (cosa que no se le exige a una mujer).
  2.   La necesidad de huir de una realidad desagradable, como evitar enfrentarse a problemas, aislándose en el placer momentáneo que produce su consumo.
  3.   La facilidad e inmediatez con la que se consigue. Resulta mucho más cómodo y rápido recurrir a la pornografía que tratar de mantener una relación sexual real. Lo cual desencadena a largo plazo en más aislamiento que, así mismo, aumenta la necesidad de consumir.

Estar informados es la mejor manera de tomar buenas decisiones y evitar aquello que nos resulta nocivo. Y esto es aplicable a todo, también con la adicción al porno. Hoy en día, es difícil hablar de adicción al porno sin que, quién lo escuche, rápidamente lo vincule a un intento de represión más propia de preceptos religiosos. Nada más lejos de la realidad. Visibilizar el problema de la adicción al porno es una necesidad real de nuestra sociedad actual. Son cada vez más los adolescentes que se “educan” en el sexo viendo pornografía, lo cual tiene consecuencias nefastas para sus relaciones. Esto ocurre porque se confunde la idea de sexo con violencia, sumisión, y placeres fingidos que no encontrarán en el mundo real. Todo ello desencadena en frustraciones al no poder ver cumplidas sus expectativas.

Por ello, si la información estuviera al alcance de la mano del mismo modo que lo está el porno, quizá estaríamos más cerca reducir su consumo, evitando así las graves consecuencias que ocasiona tanto al propio consumidor como a su entorno.

Si quieres más información visita Fight the New Drug